A VUELTAS CON LA EVALUACIÓN

Como si de una breve disertación se tratara, expongo mis ideas sobre cómo debería ser el tratamiento de la evaluación en nuestras aulas. No paso a desarrollar ninguna, aunque estoy abierto al debate:

· La evaluación ha de ser coherente con la metodología.

·Ha de ser formativa y continua. La retroalimentación en el momento de producirse el aprendizaje tiene un impacto crucial en el mismo.

·Debe fomentar la autoevaluación y la coevaluación. De este modo tiene un carácter formativo mediante la interacción y el modelaje.

· (Monereo) “Dime como evalúas y te diré como aprende tu alumnado”. Por este motivo, la evaluación ha de ser poliédrica. No sólo debe basarse en el saber, sino en el saber hacer y saber ser. Una evaluación centrada en la memoria y en el conocimiento genera aprendizajes fugaces. En el siglo XXI, la era de las tecnologías, el conocimiento por sí solo está en permanente revisión y actualización. Generar aprendizajes profundos supone indagar, transferir, hacer conjeturas, aplicar, crear y valorar. Supone llenar la mochila del alumnado de habilidades y destrezas que le permitan adecuarse a un mundo cambiante.

· Ha de ser inclusiva. Debe contribuir a que el alumnado “sienta que “vale” para algo y para alguien” (Vaello). Son los pilares básicos que alimentan la autoestima y la motivación intrínseca.

· La evaluación debe contribuir a que el alumnado tome conciencia real de sus progresos y sus dificultades. Esto requiere un acompañamiento de instrumentos que contribuyan a ello: las rúbricas de procesos y el portfolio de evidencias que le ayuden a gestionar sus aprendizajes diferenciando lo trabajado de lo aprendido.

· No es un añadido ni un punto final. La evaluación es un proceso clave en la metodología.

· Evaluar para calificar es un hecho puntual. Evaluar para formar, retroalimentar y acompañar es un hecho continuo. Evaluar para conocer, conocer para comprender, comprender para mejorar.

· Una evaluación centrada en la calificación de una prueba es obtener una información escasa de los grados de progreso del alumnado. Es valorar a una persona solo conociendo una de las caras del poliedro que conforma a una persona. Genera un aprendizaje bulímico.

· Los procedimientos de evaluación han de ser fruto de decisiones colegiadas basados en criterios de transparencia.

· Una evaluación ha de ser competencial. Significa esto que debemos generar contextos diversos en los que el alumnado evidencie cómo aplica sus aprendizajes: exponer, elaborar informes, experimentar, investigar, debatir, resolver problemas, estudiar casos, realizar tareas, participar en proyectos, …

. La evaluación es una parte más de la metodología. Forma parte del camino.

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